domingo, 4 de octubre de 2020

LA PEDRIZA DEL MANZANARES. MAPA EXCURSIONISTA. 2ª edición actualizada

   El mapa de La Pedriza del Manzanares es un mapa topográfico de escala 1:10.000 con tintas hipsométricas y sombreado de relieve. Incluye información de carreteras, pistas forestales, caminos y senderos. También se incluyen las fuentes, cascadas, árboles centenarios y otros elementos de utilidad para el visitante.

 


  La Reserva de la Biosfera de la Pedriza del Manzanares, ahora integrada dentro del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, es un lugar único a nivel mundial, porque aunque existen lugares de similares características, ninguno tiene sus dimensiones. El tipo de erosión que han sufrido sus rocas graníticas han conformado un paisaje excepcional, con miles de riscos y peñas de todas las formas imaginables. A pesar de su reducida extensión comparado al conjunto de toda la sierra de Guadarrama, lo enrevesado de su disposición crea un complejo laberinto de callejones que requieren de muchas visitas para poder conocer y dominar todo este territorio. La escala 1:10.000 de este mapa es la más apropiada para poder orientarse en el bravío mar de granito que supone La Pedriza del Manzanares.

   La Pedriza no es solo un paraíso para el excursionista sino que es la principal escuela de escalada de toda la Comunidad de Madrid y una de las principales de España en cuanto a número de itinerarios (más de 2.000 vías abiertas). En el mapa aparecen reflejados la mayor parte de los riscos donde existen vías, aunque constantemente se realizan aperturas en nuevas paredes, ya que el repertorio de posibilidades aún dista mucho de agotarse.

Principales referencias del mapa:

- Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama (la porción correspondiente)
- La Pedriza Anterior
- La Pedriza Posterior
- Canto Cochino
- El Tranco
- Los Algibes
- Manzanares el Real (mitad norte)
- Zonas de escalada


Características del mapa:
Autor: Alberto Álvarez Ruiz
P.V.P.: 11 €
I.S.B.N.: 978-84-948718-6-3
Año 2020
Dimensiones: 99 x 67,2 cm. (abierto) y 11 x 22,4 cm (plegado)
Escala: 1:10.000
Equidistancia curvas de nivel: 10 metros
Equidistancia curvas maestras: 50 metros
Cuadrícula UTM cada 500 metros
Coordenadas Geográficas cada 5´
Carreteras
Pistas forestales, caminos, senderos y recorridos señalizados con hitos
Senderos de Pequeño Recorrido (PR) y de Gran Recorrido (GR 10)
Aparcamientos, merenderos y fuentes

 

COMPRAR

http://www.calecha.com/283551/286524.html



 

 
 

 




 

sábado, 11 de julio de 2020

Montañas para el verano 8. Silla de la Yegua y Alto de las Berdiaínas

 
 
    La montaña más alta del Bierzo tiene quizá el acceso más cómodo de toda la cordillera Cantábrica en cuanto a picos de dos mil metros de refiere. Saliendo del puerto de los Portillinos, a prácticamente 1.900 metros de altitud, es un paseo con cuestas muy asequibles para casi todos los públicos. Por un poco más de esfuerzo, sumando doscientos metros de desnivel más entre ida y vuelta nos podemos acercar hasta otra de las montañas más elevadas de los Montes de León, el Alto de las Berdiaínas, que por cualquier otra vertiente supone un ascenso de mucho desnivel.


   Para los que quieran hacer ambas cumbres a lo grande existe la opción muy atractiva de subir desde Peñalba de Santiago, uno de los pueblos más hermosos de la falda de la sierra. Esta aparece descrita en el libro EL BIERZO. 50 RUTAS A PIE, con la número 20, mientras que la ruta fácil desde el puerto de los Portillinos hasta la Silla de la Yegua viene en el mismo libro como ruta número 25.


 
Foto 1. Silla de la Yegua (2.142 metros) y Alto de las Berdiaínas (2.116 metros) desde Peñalba de Santiago, en el Valle del Silencio.

Foto 2. La cumbre de Silla de la Yegua está coronada por una antena por lo que esta antecima tiene mucho más atractivo.

Foto 3. Silla de la Yegua vista desde un lateral del Alto de las Berdiaínas




jueves, 9 de julio de 2020

Montañas para el verano 7. Pico del Lobo

 
  
  
   El Pico del Lobo es la montaña más elevada de Castilla-La Mancha y de la provincia de Guadalajara en concreto. Por la ladera norte cae muy vertical sobre la estación invernal de la Pinilla, ya en la provincia de Segovia. Hacia el este tiene su único circo glaciar, donde se forman unas lagunillas -casi turberas- y es también por el cordal este por donde se realiza la ruta más recomendable para el verano, que sale del puerto de la Quesera. Este paso de montaña, en la carretera que une Majaelrayo con Riaza, alcanza los 1.712 metros de altitud, y aunque la ruta es más larga que la que parte de La Pinilla, tiene menos desnivel y menor pendiente media.


   
   Para los que tengan buenas piernas, más interesante paisajísticamente que esas dos rutas, es la que sale desde el corazón de Guadalajara, entre los pueblos de Peñalba de la Sierra y Cabida, también con un buen punto inicial para el verano, a 1.512 metros de altura, y que recorre una larga sierra con varios picos de 2.000 metros.


  La ruta del puerto de la Quesera al Pico del Lobo es la número 4 del libro GUADALAJARA. 45 RUTAS A PIE, mientras que la más larga, desde cerca de Peñalba de la Sierra, es la número 5 del mismo libro.




Foto 1. La vertiente segoviana del Pico del Lobo es la más vertical

Foto 2. En el centro, visto desde cerca de Majaelrayo

Foto 3. El final de la ruta que sale del puerto de la Quesera

Foto 4. El único circo glaciar del Pico del Lobo, desde la ruta que viene de Peñalba de la Sierra


martes, 7 de julio de 2020

Montañas para el verano 6. Veigardón

  

   El Veigardón es la montaña más alta del pequeño concejo de Degaña, un municipio asturiano que contiene uno de los mejores ecosistemas de la cordillera Cantábrica. Ciñéndonos a pistas y senderos contribuiremos a mantener esta joya natural y al mismo tiempo podremos disfrutar plenamente de ella.


   Hay dos rutas primordiales para subir a su cumbre, una de las cuales parte del puerto de San Antón o Valdeprado, a 1.342 metros de altitud, y que es la opción más corta y de menor desnivel. La otra comienza en la misma villa de Degaña, a 850 metros de altura y discurre a la sombra del bosque, salvo el tramo inicial y algún sector cerca de enlazar con la opción que viene desde el puerto de Valdeprado. En la primera ruta no hay bosque mientras que en la segunda se compensa el mayor desnivel y distancia con la travesía de viejos robledales.



   Para la mayoría de los que visitan esta montaña el principal aliciente son las dos lagunas de Fasgueo, ligeramente en el interior de la provincia de León, en la cabecera de un largo valle de origen glaciar muy marcado. 


 
   La ruta corta aparece como la número 17 del libro ALTO SIL. 40 RUTAS A PIE. VOLUMEN 2, aunque la montaña figura con el nombre que recibe en la vertiente leonesa de Cornón de Busmor. La alternativa larga, que luego continúa por el cordal para subir otras cumbres y descender por otro valle muy interesante, viene descrita como ruta número 5 del libro DEGAÑA. 12 RUTAS A PIE.



Foto 1. Laguna inferior de Fasgueo

Foto 2. El macizo donde se yergue el Veigardón, que oculta las lagunas en una caldera bien escondida a la vista

Foto 3. El Veigardón, desde la vertiente opuesta a la anterior

Foto 4. Las dos lagunas en invierno

Foto 5. En la ruta que sube desde la villa de Degaña nos deleitaremos con la sabrosa Braña de la Veiga de Bustieguas


sábado, 4 de julio de 2020

Montañas para el verano 5. Peña de la Calabazosa



   En los días más calurosos del verano se agradece un punto de partida a gran altura, donde la temperatura sea agradable durante toda la ruta. Dentro del Parque Natural de Somiedo ese honor le corresponde al Alto de la Farrapona, donde se alcanzan con el coche los 1.707 metros de altitud. De ahí al primero de los lagos de Saliencia -el principal conjunto de lagunas de la cordillera Cantábrica- es cuesta abajo, y luego con un repecho no muy largo se alcanzan los otros dos lagos.


   Aparte del paseo a los lagos, para los que quieran hacer cumbres por la zona una de las más altas y al mismo tiempo sencillas es la Peña de la Calabazosa, de 2.104 metros de altura. Hace de límite con Babia, con paredes que caen hacia allí a plomo por su vertiente meridional y oriental, y desde las alturas tendremos unas estupendas vistas sobre los tres lagos de Saliencia.


   La ruta aparece descrita como la número 10 en el libro PARQUE NATURAL DE SOMIEDO. 30 RUTAS A PIE, publicado por Calecha Ediciones.




Foto 1. El espectacular canto de la Peña de la Calabazosa, con su vertiente más vertical mirando hacia Babia.

Foto 2. El lago de la Cueva, primero de los lagos de Saliencia que encontramos

Foto 3. En primer término, el lago de la Calabazosa o Lago Negro, el más profundo de toda la cordillera Cantábrica, y al fondo el lago Cerveriz.

Foto 4. La subida a la Peña de la Calabazosa en sí es empinada pero fácil


martes, 30 de junio de 2020

Montañas para el verano 4. Cuiña

 

   Subiendo el puerto de Ancares desde Tejedo podremos contemplar el más grandioso panorama de montaña de la sierra de Ancares, formado por su circo glaciar más importante, bajo el pico Cuiña y el Campanario y sobre un enorme bosque centenario de roble. Si tuviéramos que subir al Cuiña desde el fondo del valle llevaría su tiempo y su esfuerzo, pero desde el puerto de Ancares es poco más que un paseo, de los mejor aprovechados de la cordillera Cantábrica.


   En el piso superior glaciar del circo se encuentra la laguna de mayor tamaño de la sierra de Ancares, el Pozo Ferreira, y antes de llegar a ella hay un simpático refugio. Por el mismo precio se puede bajar al collado que separa el Cuiña del Campanario y subir a este último, pero eso ya es menos sencillo y no es apto para personas con vértigo. Al sur de estas dos cumbres tenemos a la vista la que es, sin duda, la montaña más brutal de la sierra, o por lo menos, su vertiente más salvaje: el Mustallar o la Mostayal. Al norte del puerto de Ancares, el Miravalles es una montaña un poco más baja que el Cuiña y de similar facilidad de subida, pero de trayecto más largo.


   Y por un poco más de kilometraje de coche sale a cuenta disfrutar de las pallozas de Balouta y sobre todo, de las más numerosas de Piornedo, que tiene también varios hórreos de teito o cubierta vegetal, una peculiaridad que solo se da en el occidente de la cordillera Cantábrica (Courel, Ancares, Ibias, Cangas del Narcea y Laciana).

 



   En el libro ANCARES EN COCHE Y A PIE, aparte de 14 rutas a pie por las dos vertientes de la sierra -la de León y la de Lugo- se desgranan historias, tradición, geografía, fantásticas fotografías y una descripción de los pueblos que se visitan en las diez rutas en coche que diseccionan Ancares. En el libro ANCARES Y BURBIA. UN VIAJE AL PASADO, se puede retroceder cuarenta años a unos valles cuyo paisaje permanece pero cuya alma humana se ha ido borrando con el despoblamiento y la desaparición de una forma de vida. El autor captó en sus viajes a la sierra esos últimos suspiros de otra época, de boca de sus habitantes, por medio de leyendas, narraciones, la toponimia de sus montañas -reflejada en los mapas y panorámicas que incluye el libro- y nos describe de forma nítida los personajes que encontró.
  

Foto 1. La Hoya de Ancares, al final del valle que da nombre a toda la sierra, se eleva el pico Cuiña, sobre el robledal centenario de Mortaldoso

Foto 2. En torno al puerto de Ancares es fácil encontrar rebaños de cabras montesas

Foto 3. Pequeño refugio frente al Cuiña

Foto 4. El Pozo Ferreira

Foto 5. Pico de la Mostayal o Mustallar


domingo, 28 de junio de 2020

Montañas para el verano 3. Peñalara

  

   Peñalara no solo es la cima más alta de la larguísima sierra de Guadarrama, sino también de Madrid y Segovia, con sus 2.428 metros. Sus rutas de ascenso son o varias muy largas o una relativamente corta. La más asequible es la que parte del Puerto de los Cotos o del Paular, que ya está a la nada despreciable altura de 1.830 metros, lo que supone otros seiscientos más hasta la cumbre y poco más de seis kilómetros de subida. Otras opciones supondrían el doble de desnivel y distancia, aunque aportan otros elementos de interés.
 
 
   La vertiente oriental de la montaña alberga tres circos glaciares, el más cóncavo de los cuales contiene la mayor laguna de todo el macizo, la Laguna Grande. Debido al incremento del número de visitantes con el paso de las décadas, algunas sendas han desaparecido al prohibirse su uso, debido al deterioro producido por el paso de tantos excursionistas. Tampoco es ya posible circular libremente, habiendo de ceñirse a las sendas establecidas para evitar más daños al ecosistema. Aún así, lo más interesante paisajísticamente ya se ve desde los circuitos permitidos.
 
 
   En fin de semana de buen tiempo conviene madrugar porque incluso el enorme aparcamiento del Puerto de los Cotos puede llenarse antes de las diez de la mañana. 


   Todas las rutas y aproximaciones posibles, con sus sendas y puntos más importantes, tanto las que parten de la vertiente segoviana como desde el valle del Lozoya, se pueden ver en SIERRA DE GUADARRAMA. MAPA EXCURSIONISTA Y TURÍSTICO 1:30.000, publicado por Calecha Ediciones.




Foto 1. La Laguna Grande de Peñalara es la de mayor tamaño de la sierra de Guadarrama. 

Foto 2. Lo más duro de la subida concluye en la primera de las dos montañas conocidas como Dos Hermanas. Luego el trayecto es muy llevadero hasta la cuesta final, breve, del propio pico de Peñalara.

Foto 3.  Las Cabezas de Hierro, segunda y tercera cima en altitud de la sierra de Guadarrama, vistas desde Dos Hermanas.

Foto 4. Refugio Zabala y Laguna Chica

Foto 5. Puerto de los Cotos



sábado, 27 de junio de 2020

Montañas para el verano 2. Maciédome



   De nombre rotundo, la Peña Maciédome, conocida en el mundo montañero con el abreviado nombre de Maciédome, a secas, tiene quizá la mejor silueta de las montañas del Parque Natural de Ponga, aunque para verla tengamos que subir hasta el límite con el siguiente parque natural, el de Redes. No llega a los dos mil metros de altitud, pero sin duda los montañeros que vean su imagen desearán subir a ella. Es un gran mirador para dominar el Parque Natural de Redes, el de Ponga y otras altas montañas hacia el este.


   Solo hay una ruta sencilla para ascender Maciédome, que es la que parte de Redes, con más de mil metros de desnivel. Desde Ponga hay dos opciones, que incluyen trepadas que no son difíciles pero totalmente vedadas a los que sufran de vértigo, aunque se puede incluir una variante subiendo desde Ponga y enlazando con la ruta normal, la de Redes, aunque hay que dar un pequeño rodeo. Por la ruta normal cualquiera con el fondo físico para superar el desnivel puede alcanzar su cumbre sin peligro ni bordeando precipicio alguno.



  - La ruta fácil aparece descrita con el número 16 en el libro de Calecha Ediciones sobre el PARQUE NATURAL DE REDES. 25 RUTAS A PIE.

  - La ruta más habitual desde Ponga aparece en el libro PARQUE NATURAL DE PONGA. 20 RUTAS A PIE, como número 9. Para aquellos que quieran subir desde Ponga sin asomarse a los abismos de la cara norte recorriendo la cresta, se ha realizado el descenso por la ruta fácil, de Redes, indicando los puntos clave con imágenes y explicaciones para los que la hagan en sentido contrario, de ascenso. La ruta desde Ponga es de orientación más compleja, a través de un bosque sin sendero definido, y supone más desnivel que la ruta que sube desde Redes. Eso sí, es un itinerario precioso de principio a fin.

Foto 1. El mejor perfil de la Peña Maciédome, desde la base del Tiatordos.
Foto 2. La cresta, que se puede evitar por la ruta normal, que sube desde el Parque Natural de Redes.
Foto 3. Los bosques de Ponga que faldean por la cara este de la montaña son magníficos, pero los que vemos enfrente mirando hacia el interior de Redes son una fotocopia de las inmensas forestas de Muniellos.

miércoles, 24 de junio de 2020

Montañas para el verano 1. Peña Cefera

 

   Peña Cefera quizá sea la montaña más grandiosa de la comarca leonesa de Omaña, con su rocosa pared nordeste y su circo glaciar, cerca del cual está el principal conjunto de lagunas de Omaña, los Llaos de Baucín.


   Su ascenso es muy sencillo técnicamente, porque la loma que lleva a la cumbre no supone ninguna dificultad ni peligro. El desnivel a salvar desde Omaña no es muy grande, debido a que los pueblos de los que se parte ya están en torno a los 1.300 metros de altitud. Mayor es el desnivel y la distancia desde el Bierzo, porque aunque todas las laderas de la montaña quedan en Omaña, hay una interesantísima ruta que parte de Tremor de Arriba y corona tanto Peña Cefera como el más alto Fernán Pérez. Más corta e igual de interesante es la subida desde Colinas del Campo, que nos llevará a la mayor hoya glaciar de Omaña, Campo, llamada por los de fuera Campo de Martín Moro o de Santiago, donde hay una ermita en honor a este santo.



   Hay un libro de Calecha Ediciones para cada una de las rutas descritas, aunque en una de ellas habría que combinar dos de los libros. Todas las rutas se pueden seguir fácilmente en el mapa excursionista y turístico de Omaña.



- Peña Cefera desde Vegapujín, que es la ruta nº 9 del libro OMAÑA. 40 RUTAS A PIE.
- Peña Cefera desde Fasgar. No figura exactamente así en el libro OMAÑA. 40 RUTAS A PIE, sino que realizando la ruta nº 8, a Fernán Pérez, enlazar con la cumbre de Peña Cefera lleva pocos minutos.
- Peña Cefera desde Tremor de Arriba. Es la ruta nº 49 del libro EL BIERZO. 50 RUTAS A PIE.
- Peña Cefera desde Colinas del Campo. En el libro ALTO SIL. VOLUMEN 2, que incluía algunas rutas de áreas limítrofes, aparece el itinerario a Campo de Martín Moro, desde donde se enlazaría en el collado de Campo con la ruta a Fernán Pérez que sube desde Fasgar.



Foto 1. Peña Cefera y, a su derecha, la sierra de Fernán Pérez, en otoño
Foto 2. Invierno en las mismas dos montañas
Foto 3. Los Llaos de Baucín, antiguos depósitos de agua romanos para las explotaciones de oro del Valle Gordo
Foto 4. Ladera de Peña Cefera que cae sobre los Llaos de Baucín
Foto 5. Peña Cefera y Fernán Pérez (la loma alargada que hay detrás) desde la sierra de las Tiendas




domingo, 12 de abril de 2020

Leopardeces



  Leopardo de las nieves en cautividad. Foto extraída de la web del Snow Leopard Trust

 Todos aquellos que lleguen a este texto buscando información de primera mano de un naturalista sobre el leopardo indio o el leopardo de las nieves se llevarán una decepción, porque no está escrito por un biólogo ni por un conservacionista, sino por un mero viajero que pasaba por allí y se topó en algunas caminatas por el Himalaya con algún indicio o dato indirecto sobre ambos animales. Se aportan pequeñas anécdotas personales, pasajes de libros o noticias leídas que refieren a estos animales y alguna foto propia que no dirá nada nuevo al familiarizado con el tema. Tampoco es una entrada centrada básicamente en los felinos en cuestión, sino que estos han servido de excusa para una serie de divagaciones con un tenue hilo común, con el Himalaya siempre de fondo.

 Foto de portada del libro sobre el leopardo indio de Robin Biswas

   Nunca he visto a ninguno de los dos leopardos en libertad. Sí las huellas del leopardo de las nieves y algún bharal probablemente depredado por él. Pero como con el oso pardo en la cordillera Cantábrica, tampoco necesito verlo, porque simplemente el saber que está ahí me deja satisfecho, ya que el hecho de que el leopardo de las nieves exista en una zona etiqueta a esta como un área con un buen estado de conservación y con un ecosistema relativamente equilibrado, y poder encontrar lugares así ya es suficiente alegría.


 Cercado elevado sobre el suelo para proteger a los animales domésticos de los depredadores, especialmente del leopardo de las nieves. Foto propia


     Antes de que acabara el invierno de 1993-1994, un poco saturado tras dos meses en una polucionada e intensa ciudad india, me escapé un par de semanas al Himalaya, que solo estaba a día y medio de viaje. El objetivo era Darjeeling, que fue capital de verano de los británicos que residían en Calcuta y huían del calor, igual que Shimla era el duplicado veraniego de Delhi, o Matheran para Bombay, bautizadas como Hill Stations, de las que había muchas más, de menores dimensiones, en lugares altos. Con cinco grados dentro de la habitación del hotel, y tras dos días de visitar lo esencial del lugar, el cuerpo pedía movimiento y me desplacé a realizar un circuito a pie de cuatro o cinco días en las montañas cercanas, cuyo techo eran los 3.600 metros de altitud, pero con un arco panorámico seguramente de los mejores del Himalaya. No había ido a la India a hacer montaña por lo que, aunque tenía chaqueta de montaña, la mochila de 75 litros con la que viajé desde España y el indestructible pantalón rojo de Solo Climb con el que escalaba en roca y que me duró varios años, no había llevado botas. Solo tenía unas zapatillas deportivas, que ya me dijo el chico del primer alojamiento en que pasé noche que no era suficiente para la parte alta del recorrido, porque aún había bastante nieve. He dicho alojamiento, pero en realidad no era tal, sino una casa más de una aldea sin luz eléctrica ni acceso rodado, adonde solo llegaba un estrecho sendero que tampoco era fácil de encontrar sin preguntar a los lugareños. Me dejaron una habitación de tres metros cuadrados y cené con la familia al lado del fuego, mientras ellos se entretenían con sus tareas manuales, una imagen que se me ha quedado grabada en la mente para siempre, porque hasta entonces solo había visto algo similar en documentales, nunca en primera persona. Aprendí mis primeras palabras de nepalí, apuntadas en una libreta que aún conservo, porque aunque administrativamente aquello era India, había pertenecido a Nepal durante siglos. De hecho, Tenzing, el sherpa que se da por hecho que era nepalí y que realizó la primera ascensión mundial al Everest junto con el neozelandés Hillary, era de Darjeeling, donde tiene un museo dedicado.

El Makalu (8.463 metros) en el centro, y a su izquierda, la vertiente más blanca del Everest, la del Kangshung, que solo tiene dos ascensiones. Más a su izquierda se empieza a adivinar el Lhotse, con su única vertiente que no ha sido siquiera intentada. Foto de Avisek Chaudury desde el límite entre Darjeeling (India) y Nepal.

   Nunca me había preocupado de informarme sobre el leopardo de las nieves, y menos aún imaginaba que en el Himalaya hubiera ejemplares del leopardo indio, que para el que no esté al tanto viene a ser de aspecto y dimensiones como el africano. El chico de la casa donde hice noche me prestó unas botas de pocero para la nieve y cuando me despedí la mañana siguiente me advirtió de que había un leopardo por la zona y que tuviera cuidado. Del leopardo indio, más grande y agresivo que el de las nieves, sobreviven entre 12.000 y 14.000 ejemplares en el país, algunos de los cuales son especialmente letales, como uno cerca de Delhi que fue eliminado en 2018 después de haber matado a 21 personas en tres años. Siendo mi primera vez en el Himalaya, caminar yo solo con un leopardo rondando no me tuvo muy tranquilo ese día, que discurría por bosque, donde cada árbol parecía esconder al susodicho animal. Unos años después, justo en la caída opuesta de la montaña, ya en Nepal, un leopardo -quizá el mismo- mató a varias mujeres de las aldeas de la zona. También cuenta Levison Wood, un explorador inglés que hace unos años recorrió a pie el larguisímo trecho entre Afganistán y Bután, que un oficial del ejército indio en Cachemira le advirtió de que por el área por la que pensaba transitar en las jornadas siguientes vagabundeaba un peligroso leopardo que ya había dado cuenta de nueve mujeres en los últimos quince días. Más suerte que las pobres mujeres cachemires corrió Paul Brunton, el orientalista, que se topó de bruces con un leopardo -él le llamó pantera- durmiendo en un árbol, en el periodo que pasó de ermitaño en una solitaria cabaña en las montañas de Garhwal, y que describe en su profundo libro A Hermit in the Himalayas. El leopardo simplemente le rugió y se marchó; no tendría hambre.



Carteles indicando zonas de avistamiento de bharal (blue sheep), himalayan thar, musk deer (ciervo almizclero) e incluso leopardo de las nieves. Fotos propias
Pinchando sobre ellas se pueden ver con más detalle



   Saliendo por la tangente del tema leopardil, las panorámicas desde arriba de esta pequeña sierra que hacía de límite entre India, Nepal y el antiguo reino de Sikkim -también India ahora- no podían ser más grandiosas. Muy juntos entre sí, y cargados hasta abajo de nieve, con un cielo limpísimo gracias a una temperatura que nunca subió de siete grados bajo cero, el Everest, el Lhotse y el Makalu (1ª, 4ª y 5ª montañas más altas del mundo), aunque a unos cien kilómetros de distancia de allí, se veían muy próximos. El Kangchenjunga, tercera montaña más alta y muchísimo más cerca, acaparaba buena parte del horizonte debido a sus colosales dimensiones, ya que se podían ver los más de siete mil metros de desnivel desde los valles a sus pies hasta su cumbre. A su lado se distinguía también el Jannu o Kumbakharna, no tan fácil de reconocer desde mi mirador porque su vertiente más conocida era la opuesta, que había hecho famosa cuatro años antes el excepcional alpinista esloveno Tomo Cesen, con una prodigiosa escalada en solitario. Un año después del Jannu, Tomo Cesen se encaró con la inescalable cara sur del Lhotse, también en solitario y haciendo cumbre, aunque los rusos que ascendieron la pared meses después mostraron dudas al respecto. La ascensión de Cesen se volvió más inverosímil según pasaron los años, hasta que él mismo reconoció que solo había alcanzado una antecima, proeza que de todas formas me parece absolutamente extraordinaria. Pero esto también ha puesto en tela de juicio su apabullante ascensión de la cara norte del Jannu. Salvando las diferencias, se podría decir que le sucedió lo mismo que a algunos deportistas de élite, que caen en la tentación de recurrir al dopaje al final de sus carreras deportivas y ya queda en entredicho todo lo logrado anteriormente, aunque hubiera sido de forma limpia. Como en el mundo del alpinismo de alto nivel se juega con armas afiladas, el contumaz coreano Hong Sung-Taek, que ha intentado la cara sur del Lhotse en seis ocasiones -las dos últimas con el alpinista asturiano Jorge Egocheaga- muestra también sus reservas sobre la ascensión de los rusos que, por otro lado, rompió con la tendencia de la época en las rutas extremas del Himalaya, de estilo ligero y rápido -casi alpino-, porque emplearon técnicas de asedio de décadas atrás, con muchos miembros y medios y oxígeno embotellado en abundancia. Pero si la cara sur del Lhotse ha rechazado a los mejores alpinistas del mundo, la cara este -la que veía yo desde mi gélida atalaya- no ha sido siquiera intentada. Parece que ya está todo escalado hoy en día, pero aún queda lo imposible.

Los 3.500 metros de desnivel de la cara sur del Lhotse (8.501 m) cuya única ascensión completa no está clara. En trazo amarillo, la ruta que ha intentado en seis ocasiones el alpinista coreano Hong Sung-Taek, las dos últimas con el asturiano Jorge Egocheaga. Artículo sobre el quinto intento a la pared: http://altitudepakistan.blogspot.com/2017/03/interview-sung-taek-hong-returns-to.html

   Los primeros días del mes de enero del año siguiente pasé de nuevo por Darjeeling, ahora camino de Sikkim, un antiguo reino independiente que decidió voluntariamente formar parte de la India en 1975, y para el que es obligatorio solicitar un permiso de visita, que restringe los movimientos a la capital y unas pocas poblaciones y monasterios de alrededor. Mientras me lo concedían, deambulando por Darjeeling encontré un parque que me había pasado desapercibido la vez anterior y en el que había una jaula de unos quince metros de longitud, tres de anchura, y metro y medio de altura, y en cuyo interior había dos leopardos de las nieves. Podías tocar la jaula y contemplar a los felinos a centímetros de distancia, algo que nunca creo que pueda volver a vivir. Pasé una hora en el sitio, cerca del cual había también un buitre enjaulado. El lugar era sórdido, y muy triste ver a aquellos animales encerrados en tan exiguo lugar; de hecho, uno de los leopardos caminaba repetidamente de un extremo a otro de la jaula, completamente desquiciado, y no paró de hacerlo mientras estuve allí. Desconozco si sigue existiendo aquel mini-zoológico.

Cornamenta de macho de bharal sobre la puerta de entrada de una edificación, para proteger de las malas influencias. Foto propia

 Rebaño de bharal, una de las presas predilectas del leopardo de las nieves. Foto propia

   Entre los animales salvajes que caza el leopardo de las nieves -en ocasiones también ataca a los animales domésticos- los únicos que he podido ver en libertad son el bharal (blue sheep u oveja azul - carnero azul) y el ciervo almizclero (musk deer). Al bharal se le considera a medio camino entre cabra y oveja, de ahí el nombre. George B. Shaller, un célebre naturalista alemán, viajó en 1973 a una región escondida y de acceso restringido en Nepal, que suele aparecer nombrada como Dolpo aunque en Nepal lo pronuncian Dolpa, para estudiar las costumbres del bharal, y llegó a la conclusión de que está más emparentado con las cabras que con las ovejas. Su compañero de viaje en aquella experiencia, Peter Matthiessen, narró las andanzas comunes en uno de los más famosos libros de literatura de viajes, El Leopardo de las Nieves. Un libro muy descriptivo, con profusión de detalles tanto geográficos como etnográficos o de fauna y flora, sin embargo no fui capaz de conectar con él desde el principio y no lo concluí. Lo más interesante desde mi punto de vista fue su magnífica exposición de lo complejo que resulta una expedición en el Himalaya, cuando has de llevar la casa a cuestas durante semanas, y donde la climatología y la colaboración de la gente local son clave para que la empresa llegue a buen fin.

En los montones de piedras de collados y puntos de referencia en senderos de montaña de áreas de influencia tibetana, es típico encontrar cornamentas de macho de bharal (en el suelo en la foto) y de yak, como los que lleva en la cabeza mi amigo Javier.


 Otros ejemplos de lo dicho en el pie de foto anterior. Fotos propias

   En el verano de 1994 volví al Himalaya por tercera vez ese año, haciendo un largo recorrido que atravesó el valle de Cachemira, Ladakh y Himachal Pradesh. En ruta a pie hacia el Stok Kangri, un seis mil que ya era popular por entonces, aunque aún había días en que no encontrabas a nadie, me llamó la atención una tradición local ladakhi de situar cornamentas de bharal sobre los grandes montones de piedras en los collados o puntos importantes de la ruta. Consideran que este procedimiento previene contra el mal y da buena suerte. En las áreas de Nepal de tradición budista tibetana -en Ladakh también lo son- se puede ver la cornamenta colgada en ocasiones en las fachadas de las casas, sobre la puerta de entrada, también como símbolo de protección.

Cartel de un proyecto de conservación del leopardo de las nieves. Foto propia

Dos ejemplares de ciervo almizclero (musk deer), uno de los animales sobre los que depreda el leopardo de las nieves. Foto propia

   Parece ser que el leopardo de las nieves ha vuelto a ser visto en el Parque Nacional del Sagarmatha, siendo este el nombre nepalí para el Everest, después de varias décadas ausente por el deterioro en su hábitat. Una de las áreas mejor conservadas de Nepal, que cuenta con una figura de protección que restringe las visitas, es la Manaslu Conservation Area, donde se desarrolla una de las más espectaculares rutas de montaña de toda la cordillera, con paisajes -y paisanajes- muy variados y de una grandiosidad que las fotografías no son capaces de reflejar. Está prohibido matar animales en su interior y de hecho muchos animales salvajes se acercan sin miedo a las personas. Allí es posible ver con frecuencia rebaños de bharal, la principal presa del leopardo de las nieves en la zona. Tuve la suerte, tras 21 años sin pisar el Himalaya, de regresar haciéndolo al circuito del Manaslu. En una de las jornadas, sobre nieve reciente caída unas horas antes, pudimos caminar durante cinco horas en la misma dirección que unas huellas de leopardo de las nieves. Poco después de toparnos con ellas, las huellas del depredador se pusieron paralelas a las de un bharal, de las que se separaron minutos después. La textura de la nieve desprendida por la pisada demostraba que el leopardo acababa de estar allí hacía muy poco tiempo y seguramente nos estuviera observando, inmóvil, desde uno de sus enmascaramientos perfectos que lo hacen completamente invisible, como demuestran algunas fotos de estos últimos años que se han vuelto virales.


El yak también llega a ser presa del leopardo de las nieves. Fotos propias

 Restos de un macho de bharal. Foto de María del Roxo

   Si todos los grandes felinos son majestuosos, el leopardo de las nieves, con su larguísima cola y su denso pelaje, su vida misteriosa incluso para los expertos, un fantasma tan difícil de observar, quizá sea uno de los más fascinantes.


Huellas de leopardo de las nieves. Fotos propias