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martes, 5 de agosto de 2014

OSOS Y LOBOS. Comportamiento y conservación de los grandes carnívoros en la Cordillera Cantábrica



   Este libro trata sobre los fascinantes sistemas de celo de los osos pardos, de cómo y porqué cambian sus patrones de alimentación, y de cómo la ecología trófica de los lobos condiciona su sociabilidad y la cohesión dentro de su unidad social, el grupo.

   Todo ello desde la perspectiva de la Biología de la Conservación, una disciplina que busca conocer e informar con argumentos sólidos sobre los problemas a los que se enfrentan las poblaciones de especies amenazadas y vulnerables, problemas que casi siempre tienen su origen en nosotros, los humanos.

   En este caso, el objetivo son los grandes carnívoros –osos y lobos– que habitan la Cordillera Cantábrica. Los retos de conservar sus poblaciones viables y funcionales pasan por la forma en que nosotros mismos nos comportemos con estos incómodos y formidables vecinos, y van a suponer, en definitiva, la medida de nuestro compromiso real de respeto por la naturaleza.

   Alberto Fernández Gil es biólogo naturalista y trabaja desde hace tres décadas en la Cordillera Cantábrica tratando de conocer y documentar la vida y costumbres de aves y mamíferos con el objetivo de facilitar su conservación: desde censar urogallos (cuando aún había tantos que parecía inimaginable llegar al punto actual), rebecos, ciervos o rapaces, hasta estudiar la ecología y el comportamiento de los osos cantábricos (su principal ocupación profesional en los últimos 20 años) y tratar de conocer su número y dinámica (desde cuando había tan pocos que daba vértigo) o más recientemente sobre los problemas crónicos y cambiantes de los conflictos que nos plantea a los humanos el reto de compartir el paisaje con osos y lobos, y al tiempo garantizar su conservación funcional.

   Desde hace unos años trabaja en el Departamento de Biología de la Conservación de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), bajo los auspicios de Miguel Delibes y Eloy Revilla. El presente trabajo ha sido posible gracias a la generosa dirección de Javier Naves y Mario Quevedo.



ÍNDICE DEL LIBRO:

PRÓLOGO

RESUMEN
ABSTRACT 

INTRODUCCIÓN
Osos y lobos: la importancia de los grandes carnívoros en los ecosistemas.
Peculiaridades del estudio de grandes carnívoros en ambientes humanizados.
La biología de la conservación como marco de estudio.
Historia natural y comportamiento como herramientas.

OBJETIVOS GENERALES
Comportamiento y sistemas de celo de grandes carnívoros que sobreviven en pequeñas poblaciones.
Abundancia y monitoreo de poblaciones de grandes carnívoros.
Ecología trófica de grandes carnívoros y situaciones de conflicto en ambientes humanizados.

ÁREAS DE ESTUDIO, POBLACIONES Y MÉTODOS GENERALES
La Cordillera Cantábrica y la Meseta del Duero.
Población de osos pardos de la Cordillera Cantábrica.
Población de lobos del Noroeste Ibérico.
Métodos generales.

RESULTADOS

Capítulo 1. Comportamiento de celo de los osos pardos en la Cordillera Cantábrica.
Capítulo 2. Infanticidio sexual en una población amenazada.
Capítulo 3. Abundancia y monitoreo por observación directa de una población de osos.
Capítulo 4. El comportamiento social de los lobos condiciona las estimas de tamaño de grupo.
Capítulo 5. Cambios a lo largo del tiempo en los hábitos tróficos de los osos cantábricos.
Capítulo 6. Factores que afectan a los cambios a largo plazo en los hábitos tróficos de los osos pardos cantábricos.
Capítulo 7. Situaciones de conflicto en el manejo y la conservación de grandes carnívoros: los daños de osos y lobos en Asturias.

DISCUSIÓN GENERAL
Los grandes carnívoros en ambientes humanizados.
Plasticidad etológica y conservación de grandes carnívoros en ambientes humanizados.
Comportamiento de celo y estrategias reproductivas.
Abundancia y monitoreo: la importancia del comportamiento y la ecología de las poblaciones locales.
Presencia de grandes carnívoros en áreas humanizadas: situaciones de conflicto.
Comportamientos sociales: ¿qué se está perdiendo?
La conservación de grandes carnívoros en ambientes humanizados: funcionalidad y áreas naturales.
Investigación, divulgación y conservación.

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

CONCLUSIONES

EPÍLOGO

AGRADECIMIENTOS



INTERIOR DEL LIBRO:






viernes, 22 de marzo de 2013

De ovejas, lobos y maldiciones...


“Una vez, nun sé por qué año foi… tudavía andaban las pesetas… pues teníamos nós aquí un puñín d’uvéas, n’a mía casa, un puñín d’uvéas, ya eiquí no pueblo había outras poucas más, ya tras taba la mía jefa a nome de las uvéas de to’l pueblo, porque pa cobrar las subvenciones teníamos que tener más de once. Entonces axuntáramoslas todas. Entonces un año puníase la mía, outro puníase un vecín y chegóu un día que dixo: «bueno, esto hay que parar, aquí tien que estar uno fijo pa las uvéas, si no, no andamos todos los años cambiando”. Entonces pusienon la mía con etsas.

Viene el lobo ya empezóu a matalas ahí enfrente, ya matalas, me cago en la puta que lu parió, venía igual a media mañana que a media tarde, ya nós dábamoslle voces, ya póis, ya las recobramos ya puxiéronos un guardia toda la semana a guardalas ahí n’una finca. Pero, claro, si viene el guardia, el lobo nun viene. Ya un día taba allí una muyer que todavía vive, que tenía dúas —la madre de la fía esa que ta ahí, en C— ya baxólas p’ahí pa debaxo la casa, donde están esas penas, ya taba la nublina piecha —era por la primavera—, ya subíu la de la chueca berrando…

—¿Dónde tienes las uvéas, M.?
Diz etsa:
—Metidas p’ahí pa las penas. Voy p’atsi a rozar ya guardalas.
Ya digo yo:
—Eiquí sube la de la chueca, l’outra matoútela el tsobu—, pero así en broma.

Y baxó pra ahí pra baixo ya, efectivamente, subieran unos potríus que había ahí a la vera del pueblo mismo, ya baxóu ya encontróu la otra uvéa a la vera del río, la uvéa tuvimos que baxar a la vera del río a buscála, lo que quedara d’etsa.

Ya vivían los guardias ahí en C, ya matáronnos los lobos nueve, ya un día fui you y dixenon:

—No podemos pagarle las uvejas porque las sus uvejas mataronlas los perros, porque ahí pa la fonte de B tiran la basura —n’aquel tiempo— y esos perros, bueno, crió una perra por ahí los perros y son los que mataron las uvejas y nosotros no podemos pagar.

Eran dos guardias.

Dixe: —Bueno, si son los perros, como dicen ustedes, permita Dios me pañe a mí el peor cáncer del mundo antes de un año, pero si son los lobos como digo you, Dios quiera que a ustedes dóus, los pañe el peor cáncer del mundo, ya además, el ocho de septiembre, doy mil duros a la Virgen del Acebo pa que lo pañen pronto.

Vengo por ahí pr'acó… yo sabía que era el lobo, ya oye, volví a la semana veniente ya había un guardia sólo ya taba sentáu ya tsevantóuse.

—Buenos días.
—Buenos días tenga usté.
Dice él: —Oiga, tien las uvejas aprobadas. Ya mandé los papeles pa Oviedo.
—¿De verdad?
—Sí, sí de verdad.
—Entonces, fuera el cáncer, que si no usté y el outro esta vez el cáncer lo pañaban. You tengo muita fe arriba porque nunca hice daño a naide ya con la fe, el cáncer lo pañaban.
—Ah, no, no, tienlas todas aprobadas. Quite el cáncer.”

(*) Esta historia está transcrita lo más fielmente posible de la grabación original. Supongo que habrá muchísimos errores ortográficos, así que si alguien desea corregirme será bienvenido.

domingo, 13 de enero de 2013

Facundo


   En abril del año 2006, cuando se estaban retirando las últimas nieves de la sierra del Valledor -aquellos inviernos aún eran algo decentes-, fueron apareciendo algunos de los recientes vestigios de las cacerías del lobo por aquellos altos. No lejos de los restos ampliamente esparcidos de un potro me encontré una impresionante visión, la de un gran macho de jabalí también devorado por los lobos, en una campera en los límites entre Allande y Cangas del Narcea. Me había topado recientemente con restos de jabalíes, en Fornela, el Pico Sieiro de Cibea o en el mismo pueblo de Trabaces, pero no tan llamativos como éste. 

   Canis lupus signatus le había hecho una deficiente limpieza de cutis a Facundo -ya que desde entonces decora lo alto de la librería de mi despacho, decidí bautizarlo, por aquello de la continua compañía- y tomé la determinación de adecentar un poco lo que quedaba del pobre sujeto, aunque para ello tuviera que cargar con él durante hora y media hasta mi coche, y los efluvios de los restos pegados a la osamenta me mantuvieran durante el periplo en una cuasi-náusea.

   Luego se me fue un poco la mano con la lejía, y dos de los colmillos se han deteriorado algo, pero conserva su feroz presencia. Me han sugerido pintarlo de rosa chicle, pero creo que, de momento, se va a quedar como está. El morro, destrozado por los lobos, no tiene arreglo posible, porque de cirugía maxilofacial no estoy muy puesto.