domingo, 27 de octubre de 2013

¿Quién es MANULO MENAL?

Manuel Fernández Pasarón, natural de la aldea de Larna, en Cangas del Narcea, y más conocido como Manulo Menal, ha tenido la deferencia de compartir con Calecha unos minutos de su ajustadísimo tiempo para responder a este breve cuestionario que nos permitirá conocer un poco mejor al que, sin lugar a dudas, está a punto de convertirse en el personaje más popular del occidente asturiano.

Don Manuel, me han dicho que tiene usted 59 años, pero cuesta creerlo. Está usted hecho todo un chaval…
¡Home, no! Esto ye lo que tien el vivir sanamente, comer bien ya de casa, beber el vino de la uva, trabayar fuertemente ya de vez en cuando desfogase uno.
La xente non val pa nada porque comen todo de lata ya de microondas, ya claro, al final, uno ye lo que come... ¿Nun sabes? Mira qué brazos tengo, mira, mira... toy sano como un fierro ya, el ginasio, en la vida pisé uno.

¿Qué le ha llevado a escribir un libro sobre su vida, don Manuel?
Outramientre los mis sobrinos que fueron los que me dixeron que taba bien que aconsejara a las personas porque... non ye por faltar, ¿eh?, pero hay mucho borricón por ahí ya hay que compartir la sabiduría de uno. Así que... así, a lo tonto a lo tonto, entre unas cosas ya outras ahora mira. Chamáronme de una enditorial un día pero non fui a entender lo que querían, así que al final díxeles que hablaran con mi hermana Evarista que fue la que me explicóu tou bien.

¿A qué cree que se debe su popularidad entre la gente joven, que le tiene tan endiosado?
Yo, pa mi idea, ye que la juventú ta muy perdía. Los padres non faen ná más que da-y-s tou lo que piden, ya non dicen que no a nada, entós claro... así salen, que non tienen Dios ni amo, ya al final un buen consejo sabio vienle bien a to’l mundo ya claro, la chavalada te lo agradez...

Se comenta que ha rodado varias producciones internacionales en el papel de protagonista, ¿es cierto?
Sei que sí. Tuve p'al extranjero una temporada ya fui actor, ¿qué crees? El cine ye otro mundo, los que saben dicen que tou lo que pasa detrás de la pantalla ye falso pero que el resultado final ye más real que la misma vida... pero yo cuando hice las pilículas, me cago'n ros, ahí falsedad non había nenguna, trabajéi ahí fuertemente con el poste aguantando la vela... ya quedóu to'l mundo bien contento. Unos porque hicieron bien de cuartos ya outras porque non les quedaban ganas de salir a gastalos.
¡So madre! Ponse uno entusiasmao ná más de acordase. Eso sí, esclavo ye bastante,¿eh?, que quitando el de cura, non hay trabajo fácil.

¿Está usted puesto al día en las nuevas tecnologías?
Bueno yo... eso de las nuevas tenologías mucho non lo entiendo, pero val más non saber nada. Si miras a la xente por ahí tan entontecíus con tanto apretar botoninos nos teléfanos ya el interné, que anda la xuventú tou'l día perdiendo el tiempo, haciendo creer a los otros que la vida de etsos ye meyor, o mirando el pornu... ya en vez de trabayar o de rebincar tan ahí dejando la vista ya gastando cuartos. ¡Así va el país!
Yo, el parte en la tele, algún partido ya la arradio, de lo outro nada.

De Larna a los confines del universo. ¿Qué le parece a usted la globalización?
Yo esto de la lobalización no lo entiendo, de verdá que no. Mis antepasados cazaban al lobo porque eran alimañas que mataban el ganao, ya de aquetsa había mucha fame, ya era el tsobu o nós... Ya mataron unos cuantos, so maadre... Luego hai unos años tuvieron una temporada los del Principao venga a mandar camionaos de tsobos pa Muniellos. Esto ye el mundo al revés... ¡Home! Así que no me extraña que la xente hable de lobalización, si tán bajando yá a los pueblos como anantias...

Ahora que está de moda la independencia, ¿le gustaría a usted encabezar un manifiesto por la segregación de la República Independiente de Larna?
Ese tema ye peliagudo, yá una vez hablé de etso en la arradio (sí, sí, na emisora, en Onda Acero en Cangas, ¿qué crees?)
Yo pa mí que ye mejor dejar tou como está, los que tan gobernando yá tienen la barriga chena, si vienen outros vendrán afamiados ya, a según van las cosas, mi alma, nos vacían hasta las paneras. Ya luego empezarán a querer cambiar también los límites colindantes de las fincas todas, así que... ¡No, no! ¡Déjate en paz! Menudos comedores...

¿Hay algún personaje histórico que usted admire particularmente?
¡Uy! Hay unos cuantos... pero el que más admiro de tous era el probe Manulo Preciado, el entrenador del Sporting. ¡Qué gran paisano! ¡Cómo esplicaba las historias, me cago'n ros! Ese era al que tenía que haber votado la xente pa presidente del gobierno, siempre se presentan los más chepos ya los que valen de verdá los dejan fuera. Un gran hombre, que en paz descanse, diome muita pena cuando murrió.

¿Se inclina usted más por la comida macrobiótica o por la vegetariana?
¡Uy! Si cae la comida pa'l suelo andan los gatos de casa, Filemón ya Puskas, listos como rayos. Cuando quiere uno inclinase a agarrar lo que te cayó yá echaron etsos la zarpa ya salieron escopetaos igual que un esputni, ¡menudos son!
A nós gústanos de tener gatos pa que non haiga ratos na cocina vieja ni en la panera, esa costumbre teníala mía madre... ya nunca vimos ratones na tsariega.
Ya esos platos que menciona usté... nunca los probé. Yo como tou de casa, tradicional ya abondo, que según lo como lo quemo, me cago'n San Lorenzo, ya hay que tar fuertes. Yo la comida esa que yá vien cocinada de los supermercados non me gusta, sábeme a tsavaza...

¿Qué deporte le gusta practicar?
¡Uy! El que me gusta más non lo puedo contar aiquí... pero outramientre si hubiera olimpiadas de trabajo del campo ganaba yo toas las medallas, me cago’n San Pancracio: Levantamiento de maniega cargada de nabos, 400 metros de segada de prao a guadaña, lanzamiento de alpacas al parreiro, relevos vareixando las castañas... tengo todos los mejores tiempos de tou'l pueblo.
¡Me cago’n mi manto, toy fuerte como un peneo!

Si volviera usted a nacer, le gustaría…
Haber estudiao. A mí en la escuela dábanseme más bien los problemas que Dios. Si yo hubiera estudiao... dígote yo que ahora sería uno de los mayores celebros del mundo. Pero claro, de aquetsa non se podía, había que ir por las cabras al monte, echar tseña pa la terraza.... ¿quién estudiaba?

¿Hay algo que desee decirle a sus miles de admiradores?
Sí, que se miren bien que el mundo se ta echando a perder porque la gente hace fuerza pa tar tonta. Que las cosas bien echas bien parecen ya que hay que tener más sentío, que así nos va... luego aprovénchanse de nós, que nos tan haciendo fatos entre la tele ya tanto fúbol. Que una cosa ye una cosa pero otra muy distinta ye cruzar una línea trazada. Si volvieran los antiguos ya vieran esto... dígote yo que tsevábamos unos estacazos que no quedaba títere con cabeza.
Ya si alguno tien una muyer que le diz que ta de negocios o firmando documentos con otro paisano que se ande con ojo que hoy en día non se puede uno fiar de naide.

Don Manuel, muchas gracias por su tiempo y hasta la próxima ocasión. Ha sido un placer conversar a tan alto nivel.
Igualmente digo... Bueno, en Larna oí decir yo que tamos a setecientos metros, pero si lo chego a saber subo a hablar pol teléfano al Rañadoiro que ta a mil y pico, aunque... ahora que lo pienso desde que hicieron el túnel ya non puedes subir al puerto... ¡Vaya xeito! Mira que cerrar esa carretera...

martes, 1 de octubre de 2013

Sierra de Degaña



   Una de las mejores formas de identificar la ladera sur o norte de una montaña en la cordillera Cantábrica suele ser -casi siempre- observando su cubierta vegetal. Tradicionalmente en la vertiente sur se realizaban las quemas para pastos, que poco a poco fueron arrasando el bosque hasta eliminarlo por completo o dejar algunas pequeñas concentraciones testimoniales. En cambio, la ladera norte, mucho más húmeda, no recibió tanto cerillazo, aunque de cuando en cuando también le toca aún hoy en día recibir alguna dentellada. Uno de los más claros ejemplos visuales de esta generalizada tradición cantábrica la encontramos en el corazón del mejor paisaje del suroccidente asturiano, en el pequeño municipio de Degaña. Se trata de la sierra del mismo nombre, que ocupa la mitad norte del concejo y hace límite con el territorio de Cangas del Narcea.


   Su ladera sur, anchísima y muy empinada, arde aún todos los años, sin que haya manera de solucionarlo. Increíblemente, se conservan pequeños bosques centenarios de roble en algunas de sus vaguadas, que van capeando uno y otro incendio. En la línea de cumbres hay algunas pequeñas lagunas, que se secan en los veranos más calurosos y largos, y entre las que destaca la Laguna Brañolina, accesible desde el pueblo de Fanduveigas, y con más dificultad desde la misma capital, Degaña. Esta vertiente de la sierra, tan pelada y cubierta casi enteramente de brezo, contrasta claramente con la formidable alfombra boscosa del otro extremo del valle de Degaña, donde la línea principal de la cordillera Cantábrica hace límite con el leonés valle de Fornela o Forniella.


   Ese mismo contraste sucede con la otra mitad de la sierra de Degaña, la canguesa, donde se extiende el mayor hayedo de Asturias y uno de los más grandes de la península Ibérica. Se trata del Hayedo de Monesteriu d´Ermu, de más de diez kilómetros de longitud, que se combina con grandes manchas de abedul en su parte superior en parte del recorrido. La presencia de este hayedo se explica por la aparición de un afloramiento calizo, casi enteramente oculto por la arboleda, pero muy visible justo al otro lado del río Narcea, en la enorme peña calcárea conocida como la Penona de Xalón.


   Para completar la variedad cromática y paisajística de esta sierra, hay que añadir que en ambos extremos de este alineamiento montañoso su aspecto ofrece ropajes distintos de los citados anteriormente, ya que si en el límite con el municipio leonés de Villablino -o comarca de Laciana- la mina de carbón a cielo abierto de Coto Cortés ocupa casi cinco kilómetros de ladera, en el punto más distante hacia el oeste, frente a los pueblos cangueses de L.larón y La Viliel.la, un excepcional bosque, principalmente de roble, cubre enteramente la sierra. Esta masa boscosa es continuación de los ecosistemas forestales de idéntica calidad que hay al otro lado del río Ibias, y que forman uno de los entornos paisajísticos más hermosos de todo el suroccidente asturiano.



Imágenes:

1. Monesteriu d´Ermu y su hayedo, en la vertiente norte de la sierra de Degaña
2. Ladera sur de la sierra, que cae sobre el valle de Degaña
3. Braña de L.larón, bajo algunas manchas de abedul
4. Una de las típicas tiras negras que "adornan" la sierra de forma regular, a pesar de ser Parque Natural, en este caso ascendiendo los 900 metros de desnivel hasta el Pico Rubio
5. Los robledales del extremo noroeste de la sierra de Degaña, cubiertos por la nieve primaveral, desde una hermosa casa de La Viliel.la


lunes, 5 de agosto de 2013

El Bierzo. 50 rutas a pie

  

   A dos kilómetros y medio del río Sil según vuela el pájaro, en Tombrio de Abajo, nació mi abuelo. A sólo medio kilómetro en línea recta del mismo río, aunque veintiséis kilómetros aguas abajo o lo que es lo mismo, en Villalibre de la Jurisdicción, vino al mundo mi abuela. Aunque voy siendo invadido progresivamente por las canas, no tengo las suficientes como para haber conocido a mi abuelo, que murió en 1939. Tras su fallecimiento, mi padre y sus hermanos vivieron unos años en la casa de su abuelo en Tombrio, para pronto asentarse en Villalibre, donde aún reside mi tía, y donde falleció mi abuela en 1981. 

   Cada verano de mi juventud le dedicaba una porción de las vacaciones a la visita a Villalibre, donde el siempre ocurrente de mi primo contaba con mil y una actividades para volver intenso cualquier día, de principio a fin. En una ocasión, al pasar por cierta calle de Villalibre, se fijó mi atención en una casa tradicional de madera, oscura, vieja, y llegaría a decir que incluso espeluznante. Según mi primo, ocho años mayor y más versado en el arte de tomar el pelo, era la casa de Pedro Botero. Más tarde descubrí que ése era uno de los nombres que recibía el Maligno, por lo que -por supuesto, creyéndome que ésa era su casa- su simple recuerdo me creaba cierto desasosiego. Pero había otras casas de la misma guisa, más viejas que el mundo e igual de siniestras. Una de ellas, en la misma carretera general, era imposible de no ver, resaltando claramente sobre las demás, como un faro en un acantilado de la costa.

   Por aquella época, que no sé datar con exactitud, pero que a ojo de buen cubero sería mediados los años setenta, también hice una de las primeras rutas a pie de la que tengo memoria. Me gustaría decir que fue a la mítica, despampanante, célebre, brutal o hermosísima Peña de Valdesancho, pero los calificativos previos son sumamente exagerados, ya que el lugar seguramente sea totalmente desconocido para los que no sean de Villalibre o Priaranza, y ni siquiera se aprecia el peñasco -más bien pedrusco- en las fotografías aéreas. Intenté localizarla en la ruta a pie por el valle de Recunco -sobre el que cae la peña- que realicé para el libro El Bierzo. 50 rutas a pie, pero como dirían en Cangas del Narcea, no fui quién. De aquella antológica jornada -de nuevo exagero un tanto- sólo tengo fugaces imágenes de un extenso robledal -rebollar, descubrí años más tarde-, que no era otro que el Oceo de Villalibre, de donde poco después salieron dos magníficos garrotes que mi padre aún conserva en el maletero de su coche, y que han recorrido muchas cordilleras de la península Ibérica desde entonces, siguiendo indesgastables e indestructibles; es lo que tiene la madera de roble.

  Hacía más de veinticinco años que no caminaba por los alrededores de Villalibre, y en más de una ocasión intenté recordar cómo era aquel territorio en aquellos tiempos, aunque las imágenes me son ya muy nebulosas. Desde luego, más poblado, pero también más inaccesible y con carreteras de las que ya no se encuentran ni en los peores accesos de hoy en día. Ferradillo tenía todas sus casas en ruinas, como pudimos comprobar al recorrerlo bajo las enormes peñas de mármol del mismo nombre. Lo mismo le ocurría a Santa Lucía -que es el único que sigue igual- y a San Adrián, muy reconstruido ahora, igual que Ferradillo. Las Médulas no eran aún Patrimonio de la Humanidad, y se recorrían un poco a pelo. El castillo de Cornatel era una ruina colgada de un peligroso peñasco y Ponferrada daba pena verla, con los camiones de carbón atravesando el centro de la ciudad, fundiendo el asfalto en verano y creando un peligroso borde lateral al hundirse con su peso. Se aparcaba el coche frente al mismo ayuntamiento y no existía zona peatonal alguna. Eso sí, trabajo había, y en abundancia. Ahora todo está más cuidado, pero la comarca está en quiebra.

  Hay quien logra que su vida sea una perfecta línea recta de principio a fin, manteniendo las mismas amistades, relaciones, aficiones, lugar de residencia, la misma vocación y la misma profesión. Otros muchos hemos ido variando, para bien o para mal, y lo que nos disgustaba ahora nos gusta y lo que nos gustaba ahora nos repele. Al menos, en algunas cosas. Aquellas casas lúgubres en las que yo no hubiera vivido por nada en el mundo, y en las que no creía capaz de vivir a nadie -salvo a Paco Fierro, un vecino que comía codo con codo con sus gatos del mismo plato- son las que ahora precisamente busqué para alegrar el alma y para fotografiar para el libro de rutas a pie por la comarca. Afortunadamente, si alguna vez pedí no volver a verlas más, no se me hizo caso, y aún quedan por centenares, especialmente en los pueblos en las faldas de los Montes Aquilianos, aunque también en algunos pueblos escondidos del Alto Boeza o de la sierra del Courel. En algunos casos, pueblos enteros ofrecen una perfecta combinación de lo más antiguo con cuidadas restauraciones de casas que ya se habían venido abajo, ofreciendo al visitante un auténtico deleite en lo arquitectónico. Como ya dije en la introducción del libro, a las fotos de sus páginas me remito para acreditarlo.

   Mientras caminaba por las montañas de El Bierzo me acordaba con frecuencia de Eloy Gundín e Ivo García, por poner nombre y cara a otra generación anterior de montañeros, que exploraron la comarca extensivamente, aunque ningún libro con sus rutas llegara a las librerías. Tuve la oportunidad de ver a Eloy el día de la publicación de este libro, y comprobar que mantiene intacta su afición montañera y su ilusión por descubrir, su cordialidad, amabilidad y talante servicial.

   En muchos pueblos encontré a quién preguntar, aunque fuera una o dos cosas, el nombre de éste o aquel paraje, cabaña o pico. En otros no hubo forma de toparse con ser humano alguno, por más que se intentó, por lo que la toponimia que aparece en el libro de esa zona es solamente aquella de la que tenía cierta fiabilidad. Ha sido un trabajo que abarcó dos primaveras, un verano, un otoño y dos inviernos, por lo que la variedad cromática de los paisajes que aparecen en las fotografías es completa. Además, este último invierno ha sido copiosísimo en nieves, y la primavera se presentó exultante, con agua y vegetación en gran abundancia, que han aportado una belleza excepcional a las rutas desarrolladas durante esos meses. Muchos de los mejores parajes de los que he podido disfrutar me eran desconocidos, porque hasta que no está uno a sus puertas son prácticamente invisibles. A medida que iba comprobando que esto era así, cada nueva ruta me ofrecía la expectativa y la ilusión de encontrar algún otro pequeño tesoro, como así volvió a ocurrir con frecuencia. Ha sido un trabajo largo, con casi tantas horas en coche como a pie y muchas más horas aún de ordenador. Pero al lógico deseo de acabar un proyecto se contrapuso el querer seguir encontrando rincones ocultos, aunque seguramente algún día podré volver a buscarlos.


P.D. El libro ya anda por su segunda edición. Se puede adquirir aquí:

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http://www.calecha.com/190829/286566.html



viernes, 24 de mayo de 2013

La garza de Babia



   Hay (o había) una garza real en Babia muy poco temerosa del peligroso ser humano, que no tiene (o no tenía, si es que ya no ha pagado por ello con el pellejo) ningún reparo en aterrizar junto al arcén de la carretera general, posarse sobre el tendido eléctrico a pocos metros de ella y, en general, hacer vida en las inmediaciones de asentamientos humanos. En una ocasión no pude resistir la tentación y paré el coche en el arcén para fotografiarla, mientras a escasos diez metros de distancia permanecía impasible sin preocuparse de si lo que apuntaba hacia ella era una cámara, un tirachinas o un rifle con mira telescópica. No sé si era el mismo especimen que ya van unos años que hacía vuelos rasantes en los límites entre Luna y Babia, habiendo ganado en chulería y atrevimiento con el tiempo, o era otra más descarada que la anterior; o quizá la especie está mutando, y al ver que los paisanos del territorio son inofensivos con las cigüeñas, por aquello del lejano parentesco con ellas ha decidido a ver si cuela, porque se vive mejor, se come más y se pueden visitar más charcas y humedales cuando no anda uno pendiente del depredador supremo. No se me olvidará la ocasión en que apareció justo encima del coche, a muy poca distancia, acompañándome ligeramente adelantada durante doscientos metros en una recta de la carretera, con su poderoso aleteo y su cuello de Pato WC.

domingo, 19 de mayo de 2013

El Chozo Viechu del Campo la Fuelga

   La Sierra es el nombre que recibe el plano y ancho cordal que parte desde el sur del Cueto del Oso hasta la vertical de Palacios del Sil, donde abundan las extensas plataformas de cientos de metros de extensión. En una de ellas, la más ancha, llamada Campo la Fuelga, aparece un pequeño refugio de aspecto peculiar, aunque quizá ya no lo sea tanto para los que conozcan a fondo las montañas del municipio de Palacios del Sil, una de las más valiosas joyas naturales de la cordillera Cantábrica. Digo lo penúltimo porque hay refugios del mismo formato en otras brañas próximas, como el Campo Cuevas, la Degollada o camino a Zarameo.
  
    El Chozo Viechu es de reducidas dimensiones, y aunque consta de chimenea y algún banco sencillo para sentarse, no dispone de lugar específico para pasar la noche, aparte del mismísimo suelo. Es un refugio fuera de cualquier ruta lógica de montaña, salvo que uno decida explorar la Sierra, y se encuentra a un kilómetro de distancia del itinerario al Cueto del Oso por las brañas de Chourinas y Fanales descrita en el volumen 1 del libro Alto Sil. 40 rutas a pie.



martes, 14 de mayo de 2013

Braña de Tierrafracio


  En uno de los más grandes circos glaciares de la sierra de Gistredo, el de Tierrafracio, al final del valle del río Valseco y más allá de donde se esconde el pueblo de Salientes, pasan muy desapercibidos los vestigios de una viejísima braña, tan antigua que ni los de más edad de estos valles recuerdan haber visto en uso. Sin embargo, el número de corrales y chozos que albergaba denota que en su día debió de ser una majada de importancia y con buena afluencia de ganado.




   La braña de Tierrafracio se sitúa a una altitud de unos 1.700 metros, una altura considerable igualada por pocas brañas, especialmente en plena cara norte de una montaña que está tapada de nieve seis meses al año en un invierno regular y hasta ocho en uno excepcional de los de ahora, que viene a ser uno corriente de los años en que debió de estar en funcionamiento este lugar. Se distribuye en dos terrazas claramente erosionadas por el hielo glaciar, y en cada una de las cuales en su día la masa de hielo tuvo su punto de fusión y consecuente morrena frontal. En la plataforma superior, muy despejada de matorral y donde parecen formarse diminutas charcas en el deshielo, se distinguen dos corrales circulares de buen tamaño, adosados a los cuales aparecen espacios cerrados más pequeños, dos de los cuales fueron claramente chozos, creciendo en uno de ellos el único árbol (un serbal) de esta repisa.


   En el piso inferior, muy invadido ya por brezo y piornos, el número de construcciones es mucho mayor, y parece haberse aprovechado una pedrera contigua para, al vaciar parte de ella, crear varios corrales. Se aprecian hasta cinco o seis formas circulares pequeñas, que podrían haber sido corros e incluso alguno de ellos un chozo.


   
   El circo de Tierrafracio recuerda parcialmente a las Morteras de Valle de Lago, en Somiedo, porque aunque el origen de las docenas de pequeñas hoyas que tienen ambas sea distinto, el resultado visual es parecido, aunque aquí no tan exagerado como en Somiedo.


Fotografías:
1. Circo de Tierrafracio
2 y 3. Dos tomas (desde el norte y desde el sur) del piso superior de la braña
4. La plataforma inferior, muy colonizada ya por el matorral, que impide identificar bien los restos
5. Visión de conjunto de los dos pisos de la braña de Tierrafracio


miércoles, 8 de mayo de 2013

100 cafés



   100 sería seguramente el número de tazas de café que hubieran caído en nuestros estómagos de haber aceptado igual número de invitaciones durante los casi cuatro años de tarea acumulada que llevó el realizar el trabajo de campo para las guías sobre Ibias, Allande y Somiedo. Casi cien fueron las ocasiones en que amablemente hubo que declinar tales ofertas, ya que de aceptarlas todas, aún no habría visto la luz el primero de los libros, el de Ibias. Lamentablemente, para poder aprovechar el fugaz tiempo de ese suspiro que es nuestra vida, y poder alcanzar a visitar y conocer simplemente una pequeña porción de Asturias o León de forma algo más que superficial, uno no puede dejarse medio día en un solo pueblo. O sí, pero entonces el repertorio de lugares a descubrir encoge considerablemente. Y escribía antes la palabra lamentablemente, porque es precisamente en el interior de una casa de estas aldeas de montaña donde realmente se palpa la atmósfera del lugar, y donde se escuchan las historias de otros tiempos, algunas de ellas a punto de evaporarse para siempre en el olvido. La historia de una generación que se va extinguiendo, y con ella una forma de vida que duró siglos, pero que abruptamente está tocando a su fin.

   Tanto a María como a mí nos estimula sobremanera conversar con personas de avanzada edad, que son las que acaparan la ya escasa presencia del mundo rural, y quizá precisamente porque ellos perciben nuestra actitud, la comunicación fluye fácil y prolongada, llegando un punto en que, muy a nuestro pesar, hemos de llegar al momento de la despedida. Son muy gratos los recuerdos de tantos y tantos vecinos que seguramente ya no se acuerden de nosotros, porque la memoria de los mayores es fuerte para los hechos lejanos, pero débil para los recientes. Pero a nosotros, ellos no se nos olvidan fácilmente. 

   Quería incluir una pequeña selección de imágenes en las que no todos son ancianos, pero donde todos ellos se desvivieron por ayudar y contestar a las preguntas de cuyas respuestas se han nutrido los textos de nuestros libros.