miércoles, 6 de noviembre de 2013

Las aventuras de Manulo Menal. El libro


  Manulo Menal ya va camino de las librerías. No sólo las divertidas peripecias de su vida en Cangas del Narcea y allende los Cárpatos quedan plasmadas en el papel de la mano de la genial creatividad de Carlos Rodríguez Duque, sino que este personaje cobra imagen gracias a las veinticinco ilustraciones -una por capítulo, más la portada- del dibujante cangués Ernesto García del Castillo, conocido como Neto por todo asturiano y habitante de tierras aledañas.
   Es realmente sorprendente la capacidad de Carlos Rodríguez Duque para ambientar la vida de Manulo a partir de anécdotas reales acontecidas a otros personajes de carne y hueso, combinarlas a la perfección con otras fabricadas por él, e insertar en el sujeto una psicología tan creíble que a todos los que hemos leído el texto nos surgen espontáneamente varios conocidos que encajan como un guante en el perfil de este individuo. Porque, como mínimo, en cada aldea de Cangas hay un Manulo Menal, como también existen a docenas en localidades más pobladas, como las de Laciana, y por supuesto, en los pueblos de Somiedo, Allande, Belmonte, Degaña, Babia, Palacios del Sil, o incluso en Ibias y otros concejos del occidente asturiano, aunque el vocabulario y el lenguaje allí difieran parcialmente.
   El libro rebosa de frases geniales y memorables, que los que hemos leído tendemos luego a repetir durante la vida diaria, al igual que haríamos con las de célebres humoristas o grandes personajes de la historia del cine. El autor tiene el don de saber poner la frase exacta en la boca de sus personajes, y eso, como los buenos guiones, da un enorme poder a las escenas relatadas.
   Manulo Menal es un hombre sin maldad, pero con una astucia pícara, resultado de una vida dura y áspera, donde nada le fue regalado. Tiene sus defectillos -los que tienen casi todos- pero a diferencia de la mayoría, él no se avergüenza de ellos. A pesar de que cada capítulo es casi una tragedia de baja intensidad, no hay desgracia capaz de derrotarle. Manulo no sólo es un Rompetechos* visual, sino que también lo es auditivo, y estos malentendidos, para dolor suyo y deleite del lector, le embarcan en unos líos de los que luego no hay salida posible, más que por la puerta de atrás y con el rabo entre las patas.
   Según los capítulos avanzan, Manulo se va ganando rápidamente nuestro cariño y simpatía, pero lo más importante, Manulo deja de ser un personaje de ficción y las hojas de papel del libro se van metamorfoseando en la piel de un ser real, como tú y como yo. Yo sé que Manulo ahora está por ahí, en alguna parte de nuestro mundo físico, puede que en Larna, puede que en la villa de Cangas, siendo engañado como un niño por alguien que realmente sí alberga maldad; puede que en Santa Catalina, echando un vino con alguna nueva amiga; puede que hasta en Estados Unidos, recorriendo la Ruta 66 con su sobrino y mirando con los ojos bien abiertos a los habitantes del medio oeste mientras echan un güisqui -sin química- y mientras se barrunta el siguiente lío; o puede que incluso en sitios que nosotros ahora no podamos imaginar... porque Manulo, querido Carlos, Manulo ya es real. Y es tu culpa, y ahora has de aliviarnos de esta maldición de la que no podemos escapar, escribiendo nuevas aventuras para saciar nuestra sed de Manulo, tan reales como todas las anteriores, tan entrañables y tan del día a día como las que cualquiera de su generación pueda haber vivido.
   Carlos, has creado un monstruo. Pero es un monstruo encantador e inolvidable.



*Para los que no disfrutaron de las historietas de Rompetechos creadas por Francisco Ibáñez en los años 60 y 70, la vida de este personaje consistía en salir de un problema y meterse en el siguiente, por culpa de su mala visión, que siempre le hacía ver y leer lo que no era.